Existen varios tipos de acompañamiento espiritual. Como en el caso de las modalidades de acompañamiento, su empleo va a depender de las circunstancias concretas de la relación de acompañamiento, de las personas interesadas y de cómo se determinan las metas y objetivos del proceso. Veamos los más frecuentes:
- Individual
Es la más común de las relaciones de acompañamiento. Una persona se pone en contacto con un/a acompañante y entra en una relación de acompañamiento con él/ella. Es una relación exclusiva e individual. Normalmente no es recomendable que una persona tenga más de un/a acompañante (por separado) de forma simultánea. Ciertamente, las diferencias de estilo y visión pueden arrojar diversas luces sobre un mismo problema o situación. Sin embargo, esta diversidad puede terminar introduciendo tensiones innecesarias en el proceso y generando una confusión que dificulte los procesos de discernimiento y toma de decisiones, ralentizando innecesariamente el proceso de crecimiento personal y espiritual.
- En parejas
En ocasiones, dos personas que han establecido algún tipo de vínculo entre ellas (de pareja, legal, de amistad, familiar, etc.) pueden encontrar la necesidad de iniciar un discernimiento común–generalmente puntual–para derterminar un camino a seguir o para realizar ciertos ajustes al camino que ya llevan. Cada caso debe ser considerado por separado. El éxito del proceso depende en gran medida de que cada uno/a de los/as participantes logre sintonizarse consigo mismo/a, con su compañero/a, con el/la acompañante y con Dios. No se trata, pues, de que todos/as terminen pensando o sintiendo lo mismo sino de que logren encontrar esta sintonía.
- En grupo
Bajo ciertas circusntancias, un grupo de personas con o sin lazos familiares, puede ver el valor de iniciar juntos un proceso de discernimiento común. Muchas de las personas preparadas en el arte del acompañamiento espiritual pueden ayudar en procesos de discernimiento comunitario, pero no debe asumirse que ese va a ser el caso con todos/as los/as acompañantes. Como en el proceso con parejas, lo que se busca no es uniformidad sino sintonía.
- Dos acompañantes
El proceso de acompañamiento puede en ocasiones servirse de la presencia simultánea (en la misma sesión) de dos personas que asumen el rol de acompañantes. Para ello es imprescindible que exista una buena relación entre ellos/as así como una gran sintonía espiritual. El valor supremo aquí no es la uniformidad sino la complementariedad. Este tipo de acompañamiento se presta muy bien para situaciones en las que se ve la conveniencia de perspectivas alternativas como las que provienen de diferencias en edad, género, denominación, experiencia y otras. En circunstancias normales, la elección de el/la segundo/a acompañante recae sobre el acompañante regular. En circunstancias especiales, el/la acompañante regular puede proveer una lista con nombres de otros/as acompañantes disponibles para que la persona que quiere entrar en una relación de acompañamiento escoja según sus inclinaciones y necesidades.
© Paco de Lariz (Francisco A. Morales) 2014
