Ética del acompañamiento espiritual

Como sucede con las prácticas profesionales, el acompamiento espiritual tiene su propio grupo de reglas éticas. Veamos algunas de ellas:

  •  Confidencialidad

           Todo lo que se comparte en una relación de acompañamiento queda protegido bajo estricta confidencialidad. Quedan excluidas de ésta aquellas comunicaciones en las que el/la acompañado/a exprese su intención de hacerse daño físico a sí mismo o a un/a tercero/a.  También quedan excluídas situaciones de abuso sexual o maltrato que no hayan sido informadas a las autoridades pertinentes.

  • Ambiente seguro

Todo/a acompañante se compromete a crear un ambiente de acogida, respeto, compasión  y aceptación en el que cada persona se sienta bienvenida.

  • Límites

Todo acompañante mantendrá los límites propios de toda relación de ayuda. Entre otras cosas, se abstendrá de presiones indebidas, manipulaciones o avances de tipo sexual o inapropiados. Dará gran valor a la intimidad de cada persona aceptando con gratitud y reverencia lo que el/la acompañado/a se sienta en libertad de compartir.

  • Verdad

La tarea de el/la acompañante es afirmar y fortalecer a cada persona en su camino espiritual.  En ocasiones, esto requerirá retar y animar a avanzar hacia una autocrítica saludable que busque y asuma la verdad de su propia realidad más allá de lo que pueda resultar cómodo inicialmente.

  • Gratuidad

           Sin franquear los límites de lo justo, todo/a acompañante reduce al mínimo la monetarización de la relación de acompañamiento de modo que resplandezca el verdero deseo de servicio sobre cualquier interés económico.

  • Supervisión

Toda persona dedicada al ministerio del acompañamiento debe estar él/ella mismo/a en un proceso constante y frecuente que provea un espacio neutral para que un/a tercero/a sirva de caja de resonacia para los procesos que se van generando en él y ayude a el/la acompañante tanto en su propio proceso como en los retos éticos que se suelen ir presentando en el ministerio.

  • Rechazo de todo protagonismo

Toda experiencia de acompañamiento está centrada en la relación de cada persona con Dios y con su comunidad. En ella, el/la acompañante no busca ni acepta ningún protagonismo. Su interés no es crear clones suyos/as ni tampoco convertir a sus acompañados/as en un club de fans. No busca imponer su modo de ver a Dios, sus espiritualidad ni sus convicciones religiosas. No es puente ni mediador/a sino un/a humilde compañero de camino que tiene tanto que aprender como tiene que enseñar.

Como su objetivo es formar personas libres, el acompañamiento cristiano no busca crear ninguna dependencia hacia la persona de el/la acompañante. Con frecuencia, lazos de afecto se van creando; pero la relación de acompañamiento no se monta sobre ellos ni depende de ellos para su funcionamiento.

© Paco de Lariz (Francisco A. Morales) 2014

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