Desde la perspectiva de el/la acompañante, el propósito principal de una relación de acompañamiento es auxiliar a la persona acompañada en su camino de encuentro con Dios y con su amorosa voluntad; ser testigo y compañero/a de camino y, a veces, partero/a de un proceso que está por entero en las manos de esa persona y de Dios.
La premisa detrás de todo el proceso de acompañamiento es que la presencia y la voluntad de Dios no son siempre inmediatamente evidentes y por ello, suele ser necesario pasar por un proceso de búsqueda orante que puede incluir acercamientos más o menos sistemáticos a los propios anhelos, a la historia personal y a las múltiples caras de la propia experiencia de vida espiritual. A ese proceso de búsqueda le llamamos «discernimiento.»
Con frecuencia, este discernimiento se monta sobre un proceso de acompañamiento porque este último provee información crucial para una mejor y más adecuada comprensión del marco referencial que le sirve de contexto al discernimiento. Así, el proceso de acompañamiento buscará indagar en la historia y experiencias de vida material [psicológica, socio-histórica, biológica] y espiritual de la persona, en sus capacidades, habilidades, limitaciones y retos, buscando entender cómo todas estas inciden en el proceso de búsqueda y encuentro de la voluntad de Dios. Desde este marco, se puede empezar a comprender los diversos componentes del proceso de discernimiento que van desde cómo y porqué se identifica un tema o una dirección a seguir como la «meta» de un determinado proceso de discernimiento pasando por un «cotejo de realidad» (adecuación, viabilidad, autenticidad, etc.) hasta llegar a la elección (decisión) y su confirmación.
Parece ser que la mejor manera de ayudar a alguien a discernir, es acompañándole. El acompañamiento da profundidad al proceso de discernimiento y permite una mejor comprensión del objeto de discernimiento al situarlo en el contexto más amplio de la historia y experiencias (pasado), la vida, valores y opciones (presente) y los anhelos, metas, aspiraciones y sueños (futuro) de quien discierne, mirando y examinando todo a la luz de Dios.

No obstante, en contadas ocasiones, pueden surgir situaciones particulares en las que sea necesario un discernimiento pero en el que, por diversas razones, no sea práctico entablar una relación de acompañamiento. Este escenario es más frecuente cuando se trabaja con parejas o grupos con una clara y sólida identidad corporativa que tienen ante sí un problema puntual que necesita de una decisión dentro de un plazo fijo. Este tipo de discernimiento puede hacerse bien pero los/as participantes deben advertir que siempre tiene el riesgo de que, al privilegiar la rapidez sobre la profundidad, el proceso resulte en un discernimiento defectuoso o falseado. Por ello, este tipo de discernimiento se suele hacer con mucho cuidado y va a requerir un proceso más completo de verificación.
En el curso de su ministerio, un/a acompañante suele encontrarse con personas que parten de una gran diversidad de situaciones. Como es de esperarse, estas condiciones particulares generan gran diversidad en las motivaciones profundas que mueven a distintas personas a buscar un/a acompañante. Esto se traduce en una gran variedad de condiciones que son muy particulares para cada relación de acompañamiento. En muchas ocasiones, será evidente que la tarea de el/la acompañante, la mejor manera de ayudar a un/a acompañado/a, será guiarle en un proceso de discernimiento. En otras, sin embargo, la tarea será sencillamente crear un espacio para que el/la acompañado/a pueda abrir su corazón e ir creando y recreando el sentido de su vida frente a Dios y a la comunidad.
A veces, la tarea no es iniciar un discernimiento sino trabajar para lograr las condiciones (psicológicas y espirituales) que lo hagan posible. Puede suceder que una persona llegue a una sesión de acompañamiento pidiendo ser acompañado/a en un proceso de discernimiento y se encuentre con que, luego de varias conversaciones, el/la acompañante le proponga aplazarlo para trabajar primero otras áreas de su vida espiritual que necesitan atención. Aún a riesgo de decepcionar a su acompañado/a, ningún/a acompañante que tome en serio su ministerio, dará paso a un discernimiento si no ve claramente que la persona que busca discernir está verdaderamente lista para ello. Lo que está en juego–y sus posibles consecuencias–es demasiado importante como para actuar de otra manera. Si el esfuerzo de acompañante y acompañado/a por construir un espacio propicio para el diálogo en el seno de la relación de acompañamiento ha sido exitoso, será posible manejar las diferencias de opinión que pudieran surgir a este respecto y redirigirlas a un dinamismo de vida para ambos/as aún cuando, en algunas ocasiones, esto implique dar por terminada la relación de acompañamiento.
© Paco de Lariz (Francisco A. Morales) 2014
