Continuamos nuestra breve mirada a los principales elementos del acompañamiento en clave ignaciana.
- Comunidad
Toda la vida de Ignacio estuvo marcada por la gran importancia que daba a lo corporativo. Antes de su conversión, su gran anhelo era continuar su camino ascendente en la cohorte real. Cuando se deja alcanzar por Cristo, todo su corazón se vierte hacia él y decide ponerse a su servicio a través del servicio al prójimo. Este afán va eventualmente a madurar en la fundación de la Compañía de Jesús, a la que los jesuitas se adhieren con votos solemnes y pasión legendaria y en el esfuerzo ignaciano para «sentir con la Iglesia.» En la experiencia del acompañamiento, esto se traduce en una alta valoración de la experiencia comunitaria de el/la acompañado/a y de su compromiso con esa experiencia, vista como signo del anhelo sincero de una vida espiritual saludable o, al menos, en camino a la salud.
- Simplicidad y uso adecuado de los recursos en orden a la misión
El extraordinario énfasis que la espiritualidad ignaciana pone en el discernimiento cuidadoso y sosegado usualmente resulta en una gran claridad sobre la propia vocación y sobre la misión a la que somos llamados/as en un momento dado. Esta claridad se vive en un estilo de vida que, siguiendo una conocida máxima ignaciana, usa los recursos tanto y cuanto favorecen el tránsito por el camino esclarecido por el discernimiento, en un clima de simplicidad y moderación. En el acompañamiento, se procura fortalecer las destrezas de discernimiento tanto en lo que concierne a la vocación como en lo que concierne a la misión y ayudar a el/la acompañado/a en su esfuerzo de identificar y esclarecer la mejor manera de poner el uso de recursos en sintonía con ellas.
Las respuestas categóricas y las claridades absolutas son más propias de algunas ramas de las ciencias duras que del ámbito espiritual. En éste último, es frecuente alcanzar sólo a barruntar un camino; la meta no es una certeza racional sino una razón para creer y confiar en el amor de Dios y echarse a caminar.
- Acompañamiento para el discernimiento
El acompañamiento puede tomar las más diversas formas en conformidad con la meta propuesta por cada persona. En la tradición ignaciana, lo que todas tienen en común es la incorporación del discernimiento. Esto no significa que todas las instancias de acompañamiento se centren en un discernimiento puntual. Más bien, significa que todos los procesos–sin importar si son decisionales o principalmente reflexivos–se presentan insertos en ese mismo dinamismo general que busca sintonizarse con el querer de Dios.
- Atención a la vida interior
El discernimiento cristiano no puede entenderse como un acto separado de la vida espiritual de quien discierne. Por ello, éste se distingue de un mero ejercicio de introspección como el que típicamente hacemos como parte de un proceso de toma de decisiones. Ciertamente, no es necesario tener ni siquiera una noción básica de espiritualidad para tomar distintas decisiones en la vida. Sin embargo, sólo quien busca el rostro de Dios, se hace capaz por su gracia de ir poco a poco avanzando en el discernimiento de su amorosa voluntad. Acompañar en la tradición ignaciana es caminar junto a otra persona en la aventura de explorar el universo interior y descubrir maneras de revitalizarlo con el poder del Espíritu Santo/a.
- Atención a la persona
Podemos fácilmente imaginar que ya desde sus inicios en la práctica del acompañamiento mientras servía a las distintas personas que venían a consultarle durante su estadía en la cueva de Manresa en Cataluña, Ignacio fue percibiendo la invaluable riqueza de cada persona. Esta percepción le llevó a desarrollar un ministerio flexible que trascendía los estereotipos y propiciaba el encuentro con la hermosa e irrepetible individualidad de sus acompañados/as. Hoy, los/as herederos/as espirituales de Ignacio buscan encontrar formas creativas de identificar y atender las necesidades de cada persona tomando como punto de partida su realidad y circunstancias. En el ámbito concreto del acompañamiento, esto se traduce en modelos que evitan forzar a todos/as los/as acompañados/a a conformarse a un tipo o modo particular de acompañamiento, brindando la flexibilidad necesaria para responder de forma ajustada y eficaz según cada caso y circunstancia.
- Respeto a los tiempos, los lugares y las circunstancias
El pasado militar de Ignacio ha llevado a muchos/as a lo largo de la historia a imaginar que cualquier organización fundada por él y cualquier tradición conectada con ella debería por fuerza expresarse en un liderazgo férreo y legalista. Ciertamente, el énfasis jesuita en la obediencia ha alcanzado fama legendaria. Sin embargo, una revisión de importantes documentos ignacianos primitivos nos descubre una imagen de Ignacio que trasciende cualquier simplificación unidimensional. Escritos como los famosos Ejercicios Espirituales y numerosas cartas personales y administrativas, demuestran que una de las exigencias más repetidas por Ignacio a sus compañeros jesuitas y a las personas que acompañaban, era que la decisión final sobre cómo y de qué forma debía cumplirse toda orden de un «superior» (incluyendo el mismo Ignacio), debía ser puesta en manos de las personas con conocimiento directo de los tiempos, los lugares y las circunstancias concretas. El superior debía orientar, dirigir, encaminar, pero era a los que estaban en el terreno a quienes correspondía tomar las decisiones necesarias. Acompañar en clave ignaciana es, a este respecto, reconocer y valorar la situación, circunstancias personales, contexto socio-histórico y el «tiempo» (existencial, psicológico, espiritual) de cada acompañado/a (y, reflexivamente, de el/la acompañante) y trabajar en equipo para orientar el proceso de acompañamiento en una dirección que abra diversas vías de crecimiento alternativas mostrando un profundo respeto por la intuición, visión y autonomía de cada persona.
- Magis
Ignacio nos invita a esforzarnos por dar lo mejor de nosotros/as en el servicio a Dios y a los/as demás. La mesura de esta entrega viene mediada por el amor. No es un acto voluntarista. Se alimenta de la misma pasión que animó la vida y el servicio de Jesús de Nazaret. Busca ser eficaz, pero no tiene nada que ver con un afán perfeccionista ni con la efectividad tan valorada en el mundo capitalista. En el acompamiento, el magis se expresa, por ejemplo, en la pasión y honestidad con la que ambos/as involucrados/as se entregan al proceso y en la búsqueda de aquellas condiciones que mejor le favorezcan.
- En todo amar y servir
Amo. Y porque amo, sirvo y me entrego. Y en este amar y servir, el amor y el servicio se vivifican y se renuevan. Este es el marco referencial que ordena todo el obrar cristiano. En él, todo queda iluminado por esa luz. Quien se deja acompañar desde la tradición ignaciana se va poco a poco reconociendo invitado/a a abrazar este Amor y a abrasarse en él.
- Dejarse llevar
No adelantarse a Dios. Más bien, confiar en su dirección. Tampoco es el/la acompañante quien lleva. No se trata de asumir una actitud infantil que buscase desentenderse de toda responsabilidad. Es hacer todo lo que esté en nuestras manos, pero sin olvidar que hay una parte de nuestro camino personal y comunitario que se nos escapa y que, paradójicametne, sólo puede revelársenos cuando renunciamos a controlarla. Dejarse llevar es dejarse sorprender, dejar que Dios rompa mis esquemas preconcebidos y me lleve por donde no imaginé. Así, el breve recorrido emprendido aquí termina, no al final, sino al principio del camino. Un camino que se abre nuevo ante mí cuando me pongo en sintonía con el Misterio.
© Paco de Lariz (Francisco A. Morales) 2014
