Acompañamiento abierto

Generalmente, el trabajo de el/la acompañante suele estar enraizado en su perfil religioso y espiritual y se alimenta de él. Es la riqueza que él/ella trae al proceso y que configura su identidad particular y le distingue de otros/as. Una buena parte del «éxito» de su trabajo radica precisamente en su fidelidad a esta identidad. Algunos/as acompañantes se identifican profundamente con una tradición religiosa y/o con una forma de espiritualidad. Otros/as, son más fluidos/as o eclécticos/as.

Por otro lado, el verdadero acompañamiento es, ante todo, un permanente caminar en y hacia la libertad. La más radical de las consecuencias de esta forma de caminar, viene expresada en la humilde y respetuosa apertura frente a la amplia gama de creencias y concepciones de lo sagrado.

Estas dos vertientes, aparentemente contradictorias, se armonizan en lo que podemos llamar un acompañamiento «abierto.» ¿En qué radica esta apertura?

En términos prácticos, radica en la acogida de cada persona que se acerca buscando un acompañamiento ahí donde se encuentre, independientemente si cree en Cristo o no cree, si es religioso o no, si, por ejemplo, prefiere los símbolos budistas a los cristianos o si se siente más inspirado por una visión ecléctica y universalista de la trascendencia y la ultimidad.

La tarea de el/la acompañante nunca será «timonear» el corazón de su acompañado/a hacia una religión u otra, hacia una creencia u otra o ni siquiera hacia una forma de pensar sobre otra. La misión de un/a acompañante no es la de «convertir» ni tampoco la de reclutar a sus acompañados/as para una iglesia u otra. No está diseñado como instrumento para la expansión de un grupo religioso. Como explico en otras páginas de este blog, en un buen acompañamiento, los intereses de el/la acompañante pasan a un segundo o tercer plano porque los que interesan, los que constituyen el centro del proceso, son los de el/la acompañado/a y los de Dios (sea la que sea la forma de entenderlo/a).

En este sentido, puede decirse que lo que se debe esperar de un/a acompañante no es que no tenga él/ella mismo/a una creencia propia sino más bien, que no use el privilegio de su ministerio para imponer esa creencia sobre las personas que buscan su ayuda.

La diversidad de creencias y visiones de fe, su nivel más o menos profundo, y, en ciertas circunstancias, su ausencia (cuando viene acompañada de apertura y curiosidad, y búsqueda sincera) no son, pues, obstáculos para un proceso de acompañamiento sino oportunidades de camino y crecimiento.

© Paco de Lariz (Francisco A. Morales) 2014

 

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